Dentro de lo que se conoce de de la historia de la raza humana, el ser humano se caracteriza porque en su quehacer de “El hombre y el trabajo” por decirlo así, se ha esforzado a lo largo de la historia por llevar a cabo una continua transformación de su entorno transformando los recursos naturales en formas útiles para sus consumo y satisfacción (que nunca se llena), es por esto que se dice que la historia del ser humano consiste en alejarse cada vez más de la naturaleza.
La ética del trabajo ha desempeñado un papel decisivo en la creación e la sociedad moderna, pasando a ser la religión de la cultura dominante, y esa misma sociedad moderna dentro de sus ambivalencias ha ido creando un proceso de deshumanización del trabajo.
El trabajo actualmente se considera un deber moral y una misión de los miembros de la sociedad, solo hay que ver como la gente percibe a una persona que ni siquiera trabaja, sonando palabras como “vago”, “parásito” (como se conoce en economía), entre otros.
El sociólogo Zygmunt Baurman explora en su libro “Modernidad líquida” los atributos de la sociedad capitalista que han permanecido con solidez en el tiempo y cuales han cambiado. De igual manera, en su libro “Amor líquido: la fragilidad de los vínculos humanos”, planta y estudia la fragilidad y la variabilidad de los vínculos humanos por el concepto moderno de libertad.
En la modernidad, la libertad se considera como la capacidad de elección y actualmente es uno de los motores de la sociedad líquida, llegando a ser uno de los pilares de la estratificación social. Por ejemplo, en la sociedad moderna podemos ver figuras de pensamiento capitalista o neoliberal que plantean la libertad como el primer paso hacia una “economía de escala”, o por ejemplo en el Informe de Desarrollo Humano, que vemos que entre los factores que se utiliza para medir el desarrollo humano se toman en cuenta las opciones, la libertad de elegir y cualquier posibilidad de selección personal, sin imposición de la realidad, como indicador de desarrollo económico y social.
Dado lo anterior, se puede observar que la sociedad moderna consciente e inconscientemente por comportamientos adquiridos e inculcados, busca siempre tener más libertades y opciones para depender menos de las circunstancias y el entorno que le ofrece la naturaleza.
En la sociedad líquida, a pesar de las diferencias que existen los países, vivimos en un mismo mundo y todos ejercemos consciente e inconscientemente una influencia en el destino de los demás. Esto se puede observar en cómo se ha propagado el virus A H1N1 por todo el mundo, y esto probablemente (porque no soy científico ni epidemiólogo) no hubiera ocurrido de no ser por lo relacionados que estamos de avión a avión, de envío a envío, de barco a barco y de MSN Messenger a MSN Messenger.
En la sociedad que se vive hoy existe un modo de vida que va en contra de la permanencia, lo estático y todo lo que sea fijado en su estado original y busca la salida más fácil, por eso es más fácil sacar agregados de los ríos que sacarlos de donde haya que hacer más procesos para utilizarlos.
Existe un concepto conocido como disonancia cognoscitiva que se define como un estado mental incapacitador y difícil de sobrellevar. Este estado parte de la contradicción de ideas en la mente humana, de ahí en adelante el ser humano tenderá a buscar un camino o concebir una idea para salir de ese estado mental.
La disonancia cognoscitiva en la sociedad, lleva a las personas a buscar una salida más fácil, rompiendo vínculos, y manteniéndose en constante cambio para no pasar por estados mentales de ambivalencia. Por lo tanto, la sociedad se va volviendo cada vez más voluble y flexible, provocando que las estructuras sociales no puedan enraizarse, y van desapareciendo los referentes para sostener nuestras certezas.
Mucho de lo que he planteado preconcibe la idea de cómo el ser humano se individualiza cada día más, establece menos lazos (a menos que haya beneficios, porque sólo se presta atención a la utilidad) con los demás seres y con la naturaleza.
El consumismo está asociado a la fugacidad del acto de elección, a la insatisfacción garantizada que reclama otra compra, a las alternativas de una sociedad por la acumulación de riqueza y opciones de compra.
Las identidades sociales tradicionales de la modernidad industrial van fragmentando y depurando la sociedad de tal manera que la individualización básica se concentra en comunidades volátiles, virtuales y con “elecciones”.
Los países a medida que el consumismo se incrementa y las personas parten de soluciones individuales y necesidades individuales para resolver problemas colectivos van entretejiendo más la sociedad y no trabajan linealmente, sino que trabajan en función de la ley del embudo, es decir “Trabajar: Aportar mucho al sistema y recibir un poco menos, pero mucho” y los recursos son tan escasos que la riqueza acaba en manos de unos pocos.
Lo anterior corresponde al hecho de que a medida que los vínculos humanos disminuyen, más produce la persona y más espera recibir.
Baurman examina desde la sociología cinco conceptos básicos en torno a los cuales ha girado la narrativa de la condición humana: emancipación, individualidad, tiempo/espacio, trabajo y comunidad. Conceptos que están hoy vivos y muertos al mismo tiempo.
En el mundo actual es mejor desvincularse rápido, los sentimientos pueden crear dependencia. Hay que cultivar el arte de truncar las relaciones, de desconectarse, de anticipar la decrepitud, saber cancelar los «contratos» a tiempo. De tal manera, los seres humanos van globalizándose cada vez más, adecuándose a la realidad perdiendo la capacidad de asombro.
La realidad social de hoy en día está basada en la inseguridad, porque se pregonan consignas de “Amor al prójimo” y las convicciones se van desvaneciendo, convirtiéndonos en seres con miedo a nuestra propia sombra y todo ser que esté cerca sin conocernos.
Cada fundamento sobre el cual la gente edifica su vida se desmorona, y va perdiendo toda la solidez, convirtiéndonos en seres volubles, líquidos. Un ejemplo de esto es cuando ingresamos a la universidad y vemos que parte de nuestra realidad se desmorona al descubrir las falacias bajo las que se edifico nuestra vida.
Lo líquido de la sociedad moderna es el enroscamiento de los seres individuales a estructuras sólidas como instituciones o la producción industrial, ya qua en vez de ser recursos se convierten en lastres, ¿Entonces si queremos libertad, porqué hay que incrustarnos en estas estructuras? Eso es lo ambiguo y lo ambivalente de nuestra sociedad actual, que utiliza lo que rechaza para lograr lo contrario: la libertad.
En conclusión, vivimos en una sociedad con raíces antropológicas que parten de la acumulación de riquezas y el desprendimiento del ser humano de la naturaleza, provocando que en este proceso de transformar el entorno con un modo de vida consumista, los seres humanos desfragmentemos la sociedad cada vez más, dejando como producto la disyuntiva de si optar por lo sólido o por lo líquido.
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